Pero qué bienafortunados somos…porque es afortunado/a aquél o aquella que tiene la suerte de encontrar felicidad en lo sencillo, en una sonrisa, en la gratitud, en la bondad y en el trato cercano con las personas con las que convives.
Y esa es la realidad de Alberto, Mª Jesús y Cati.
15 días, los primeros de un total de 30, instalados en Rongai (Kenia), disfrutando de un proyecto de voluntariado internacional con la comunidad educativa y Hermanos de La Salle del Rongai Agri and Tech School.
¿Cómo podríamos resumir en unas breves líneas lo trabajado, experimentado y vivido durante esta primera mitad del mes? Difícil tarea, ya que la magnitud de la realidad del día a día es tal que ser breve es dejar atrás muchos matices importantes.
Vamos a intentarlo…let´s go!!!
Después de muchos días de preparación, el 4 de julio emprendimos un viaje que difícilmente olvidaremos. Alberto, María Jesús y Cati salimos desde España rumbo a Kenia, cargados de ilusión, nervios y muchas ganas de poner nuestro tiempo y nuestras manos al servicio de los demás.
Tras hacer escala en París, aterrizamos en Nairobi, donde nos esperaban Rocío, voluntaria que ya conocía la realidad del lugar, y el hermano Aaron, director del colegio La Salle Rongai. Desde el primer momento nos hicieron sentir como en casa. El largo trayecto hasta Rongai, con avería del vehículo incluida, fue nuestra primera lección africana: aquí los imprevistos forman parte del camino y siempre aparece una solución acompañada de una sonrisa.
Los primeros días estuvieron dedicados a conocer el colegio, la comunidad de Hermanos de La Salle, formada por 3 hermanos (Aaron, Francis y Nued) y a todas las personas que forman parte de este proyecto educativo: profesores, personal de administración y servicios, trabajadores de mantenimiento, agricultores y, por supuesto, los cerca de 160 alumnos que llenan de vida el centro. Muy pronto comprendimos que, además de muchas necesidades materiales, aquí existe un enorme compromiso por ofrecer una educación que transforme vidas.
Una vez conocido el entorno, comenzamos a trabajar. Organizamos y limpiamos uno de los almacenes junto a Lawrence, responsable de mantenimiento, realizamos mediciones de aulas y servicios muy deteriorados y empezamos a planificar las mejoras más urgentes. Estos primeros días han estado llenos de cálculos, presupuestos y búsqueda de materiales para intentar aprovechar al máximo los recursos disponibles.
Las jornadas de trabajo han sido intensas. Dedicamos un día completo a limpiar y pintar la cocina de la comunidad, devolviéndole luminosidad y mejores condiciones de uso. Poco después comenzamos la rehabilitación de los urinarios de los alumnos, una actuación que continúa avanzando día tras día y que permitirá ofrecerles unas instalaciones mucho más dignas, limpias e higiénicas.
Mientras tanto, también fuimos preparando otras iniciativas para compartir con los estudiantes: confeccionamos cortinas para la cocina y organizamos talleres deportivos, manualidades, pintura de camisetas, juegos y actividades educativas con la ilusión de seguir estrechando lazos con ellos.
Pero este voluntariado no se limita únicamente al trabajo. También hemos tenido la oportunidad de compartir momentos muy especiales con toda la comunidad. Cada mañana ha comenzado con un desayuno viendo los encierros de San Fermín, una pequeña tradición que nos ha acercado a España desde miles de kilómetros de distancia. También hemos celebrado con entusiasmo las victorias de nuestra selección de fútbol, compartiendo la alegría incluso lejos de casa.
Entre las experiencias más curiosas quedará para siempre nuestro primer viaje en las populares boda boda, las motocicletas que constituyen uno de los principales medios de transporte en Kenia. Gracias al hermano Aaron pudimos desplazarnos hasta Nakuru para comprar materiales y conocer un poco mejor la ciudad, disfrutando también de agradables momentos de convivencia.
Uno de los días más bonitos fue la celebración del Cultural Day, una auténtica fiesta de encuentro entre dos centros educativos. Los alumnos presentaron proyectos relacionados con la agricultura, la tecnología, la ciencia, el deporte o el arte, acompañados de bailes tradicionales y actuaciones culturales. Nosotros tuvimos el privilegio de inaugurar la jornada llevando un pedacito de Andalucía hasta Kenia: Alberto y María Jesús bailaron unas sevillanas mientras Rocío y yo los acompañábamos con la guitarra y la caja flamenca. Fue emocionante comprobar cómo la música consigue unir culturas tan diferentes.
A pesar de la barrera del idioma, cada día la comunicación con el alumnado es más cercana. Tanto ellos como nosotros buscamos momentos para compartir curiosidades y conocer mejor nuestras diferentes realidades. Ese interés mutuo se hace especialmente evidente cuando trabajamos en la reparación de los urinarios: muchos alumnos se acercan para ayudarnos en la obra y aprovechar la ocasión para interactuar con nosotros, demostrando que la ilusión por aprender y compartir va mucho más allá de las palabras.
También participamos en el acto de graduación de algunos alumnos. Fue una auténtica celebración que dio comienzo con un elegante desfile del alumnado, profesorado y familias, impecablemente ataviados para una ocasión tan especial. A continuación, la Eucaristía llenó el ambiente de alegría gracias a las continuas canciones, danzas y ofrendas, que aportaron un colorido y una autenticidad inolvidables. Finalmente, las palabras de agradecimiento y esperanza pronunciadas por los distintos representantes otorgaron al acto el carácter institucional propio de una ceremonia académica, cerrando una jornada cargada de emoción y significado.
El fin de semana nos llevarán hasta Homa Bay para visitar otra comunidad de Hermanos de La Salle y conocer una realidad diferente, donde también colaboran voluntarios españoles. Será una nueva oportunidad para seguir aprendiendo, compartir experiencias y continuar creciendo personal y humanamente.
Con estas primeras dos semanas concluimos una etapa intensa de nuestro voluntariado. Hemos venido con la intención de aportar nuestro pequeño granito de arena para intentar mejor su calidad de vida, pero cada día comprendemos con más claridad que somos nosotros quienes estamos recibiendo el mayor regalo. Porque la solidaridad consiste, ante todo, en encontrarse con el otro desde la sencillez, el respeto y el cariño.
No podemos dejar de resaltar algo que ha marcado profundamente estas dos primeras semanas: el equipo humano que hemos tenido la suerte de formar. Desde el primer día, María Jesús, Alberto y yo (junto con la inestimable ayuda de Rocío) dejamos de ser tres personas que comparten un proyecto para convertirnos en una auténtica familia de voluntariado. Cada uno está aportando sus conocimientos, su manera de ser, su esfuerzo y su ilusión, siempre caminando en la misma dirección.
Trabajamos codo con codo, compartiendo el cansancio de las jornadas más intensas, celebrando cada pequeño avance, buscando soluciones a las dificultades y disfrutando juntos de cada momento de convivencia. La confianza, el respeto, el sentido del humor y el apoyo mutuo permiten que todo resulte más fácil.
Seguimos nuestro camino con el corazón lleno de gratitud. Aún quedan días de trabajo, convivencia y aprendizaje, pero ya sabemos que una parte de nosotros permanecerá para siempre en La Salle Rongai, junto a todas las personas que nos están enseñando que la verdadera riqueza nace cuando la solidaridad se convierte en encuentro.